Federación de Rusia, influyente en la arena internacional, pero ¿sancionada?
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Por Jorge Vera Castillo

Sin duda, uno de los actores más influyentes en la arena internacional, a fines de esta segunda década del Siglo XXI, es la Federación de Rusia: con enorme territorio; dotación de materias primas y recursos naturales; potencia espacial, misilística estratégica y nuclear, y, continuadora estatal de la Unión Soviética como Miembro Permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

Nuestra Región Latinoamericana y Caribeña conoce y reconoce una creciente presencia de la Federación de Rusia, con especial énfasis en las dos últimas décadas, vinculándose con la CELAC como entidad, junto con sus fluidas relaciones bilaterales diplomáticas, científicas, comerciales, culturales y de cooperación técnico-militar, que desarrolla con un importante número de países.

Su vinculación significativa con el país más grande, poblacional y territorialmente de la Región, se da en esa común convergencia como países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Y mantiene estables relaciones con los restantes países del Mercosur, y de la Comunidad Andina.

Además, países de Centroamérica y el Caribe ya conocen la nueva cooperación rusa, en diversas esferas, junto con históricas y solidarias relaciones bilaterales con Cuba y Nicaragua. Se suma la comprometida, leal y multifacética relación de amistad y ayuda mutua construida con la República Bolivariana de Venezuela, desde mayo del 2001, en primera visita de Hugo Chávez Frías a Moscú.

También tienen relevancia los vínculos con México, junto al simbolismo de que fue el primer país de nuestra Región que estableció relaciones diplomáticas con la URSS, ya el 4 de agosto de 1924. Y en últimos años, relaciones institucionales con CARICOM y SICA se diversifican y fortalecen.

Por su parte, los contactos chileno-rusos han ido adquiriendo un nuevo dinamismo desde la reanudación de relaciones diplomáticas el 11 de marzo de 1990, entonces con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y, posteriormente, continuados con la Federación de Rusia. Sí, estas relaciones bilaterales aun necesitan desarrollar todas sus perspectivas y potencialidades.

La ciencia, la innovación, la investigación y la tecnología; la cooperación en asuntos antárticos y en materia espacial; los intercambios culturales y turísticos; la cooperación técnico-militar; los asuntos del Océano Pacífico, y, algunos temas globales, como el cambio climático, son todas esferas en las cuales es posible avanzar y desarrollarse en las relaciones bilaterales chileno-rusas.

Y el multilateralismo es propicio para un mayor dinamismo e intercambio chileno-ruso. Podrá ser con ocasión de la participación rusa en próximas Cumbre APEC y Reunión COP 25, en Chile.

Entrevistado el 6 de febrero de 2017, el Director del Departamento de América Latina del Ministerio de Asuntos Exteriores (MID) de la Federación de Rusia, Alexánder Schetinin, afirmó: “Los vínculos entre Rusia y América Latina no son coyunturales y no dependen de nuestras relaciones con terceros”.

Lo anterior se visualiza en Oriente Medio y los derechos inalienables del pueblo palestino; las estratégicas relaciones asociativas integrales con la República Popular China; los vínculos con la República Islámica de Irán y su rol en la seguridad subregional y en lo nuclear; el delicado y siempre desafiante relacionamiento con una agresiva y expansionista OTAN; el desarme y los distintos tratados de control de armamentos nucleares y misilísticos; la cooperación en el Ártico y en la Antártica; la comercialización y producción del petróleo; la situación en Ucrania y sus deterioros, que violentan la subregión fronteriza ruso-ucraniana, y, en la desnuclearización de la península coreana, preservando la seguridad de la RPD de Corea, entre muy variadas temáticas.

Y tienen lugar relevante sus relaciones bilaterales, pos segunda guerra mundial, con los Estados Unidos, así como también sus complejas relaciones con la Unión Europea (UE), incluyendo sus relaciones bilaterales con algunos de sus seis principales países fundadores, y con aquellos que fueron conocidos como ‘países de Europa central y oriental” (PECOS), que ahora son Estados Miembros de la UE y/o de la OTAN.

Por eso, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que incluye a la Federación de Rusia, cumple un rol importante.

En este contexto de la arena internacional, y del cual dimanan principales conflictos en diversas regiones del planeta, en constante disputa y evolución de las correlaciones de fuerzas, resultan muy cuestionables las políticas de sanciones y de bloqueos que se implementan, se practican y se renuevan con las políticas exteriores, incluso con muy nefastas aplicaciones extraterritoriales de leyes nacionales, que afectan a economías, poblaciones concretas y vida de seres humanos.

De allí que es anómalo y contraproducente toda una insistencia norteamericana y europea para su continuado relacionamiento con la Federación de Rusia, a través de la aplicación de sanciones, de muy diversos alcances – institucionales, nacionales y personales -, en las esferas económica, comercial, financiera, logística, monetaria y prestación de servicios y suministros.

Todo lo anterior se hace y se ha hecho sin acuerdo, conformidad, consulta y/o intervención del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que, eventualmente, pudiera darle validez a una aplicación de sanciones.

Por eso, se configura una situación de ilegitimidad de imposición de medidas restrictivas unilaterales, generalmente adoptadas a partir de conclusiones políticas insostenibles, todas contrarias a los propósitos y pincipios establecidos en la Carta de la ONU.

Y obvio, los sancionados se reservan el derecho de reaccionar y responder, aunque, la historia ha demostrado que, generalmente, las sanciones se volverán en contra de los sancionadores, también los bloqueos terminan afectando a los bloqueadores, repudiados internacionalmente.

No es sostenible, en aras de la búsqueda de la Paz y la Seguridad Internacional, seguir con la política de las sanciones, ya que ello conlleva aceptar e introducir la arbitrariedad en las relaciones internacionales, con la consecuente inestabilidad a nivel mundial y regional. Arreglo Pacífico de Controversias, Derecho Internacional y diálogo son el único camino civilizado y político.

Ceguera y prejuicio continuos en caso de relaciones bilaterales y multilaterales con la Federación de Rusia, vía amenazas, bloqueos, injerencias y sanciones, son un callejón sin salida.

Las políticas exteriores de los países de nuestra América Latina y el Caribe, proclamada como Zona de Paz, debieran contribuir, soberanamente, a condenar y a demandar el término de las sanciones, que se han ido haciendo una práctica dañina, engañosa, ilegítima, ineficaz, peligrosa y recurrente.

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