

Arabia Saudita está descubriendo una de las peores situaciones posibles en una guerra regional: tener enemigos presionando desde varias direcciones al mismo tiempo y no saber hasta dónde llegará el respaldo de su principal aliado.
Por el sur, los hutíes han avanzado rápidamente por la costa occidental de Yemen y tomaron Perim (Mayun), una isla estratégica situada en pleno estrecho de Bab el-Mandeb.
Eso amenaza una de las principales rutas marítimas que conectan el mar Rojo con el océano Índico y, por extensión, una de las alternativas que Arabia Saudita utiliza para evitar el estrecho de Ormuz.
Por el norte y el este, el problema es todavía más directo.
Un ataque con drones contra el oleoducto Este-Oeste obligó a Arabia Saudita a cerrar temporalmente una infraestructura de unos 1,200 kilómetros que puede transportar entre 4 y 5 millones de barriles diarios.
Lo más delicado es que Bagdad confirmó que los ataques se originaron en territorio iraquí, aunque ninguna organización ha asumido públicamente la responsabilidad y las milicias iraquíes respaldadas por Irán han negado haber realizado el ataque.
Y mientras tanto, Irán mantiene bajo una enorme presión el estrecho de Ormuz, por donde históricamente pasa una parte fundamental del petróleo y gas mundial.
El resultado es una especie de pinza estratégica:

Ormuz bajo presión.
Bab el-Mandeb bajo presión.
El oleoducto saudita que conecta ambos extremos, temporalmente fuera de servicio.
Y eso es mucho más importante que un simple ataque contra una instalación petrolera.
El oleoducto Este-Oeste existía precisamente para darle a Arabia Saudita una alternativa frente a una interrupción en Ormuz.
Ahora esa alternativa también está siendo golpeada.
Washington, por su parte, está proporcionando inteligencia y apoyo a Riad, pero Trump se ha resistido hasta ahora a lanzar una nueva campaña militar estadounidense directa contra los hutíes. Incluso MBS ha pedido personalmente ayuda militar a Trump.
Ahí aparece la verdadera vulnerabilidad saudita.
No se trata solamente de cuántas armas tiene Riad.

Se trata de cuántas rutas puede mantener abiertas al mismo tiempo.
Porque puedes tener enormes reservas de petróleo, pero si los oleoductos están bajo ataque, Ormuz está bloqueado y Bab el-Mandeb se vuelve peligroso para los barcos, sacar ese petróleo del país se convierte en el problema.
Y el mercado mundial lo sabe.
Cada nuevo frente aumenta el riesgo, los seguros, los costos de transporte y la incertidumbre sobre el suministro.
Arabia Saudita no está perdiendo solamente territorio o infraestructura.
Está perdiendo margen de maniobra.
Y mientras más se prolongue la guerra, más difícil será para Riad decidir si responde militarmente, negocia con sus adversarios o espera que Washington intervenga.
La pregunta es:
¿Cuánto tiempo puede Arabia Saudita mantener abiertas sus rutas de petróleo si los tres principales puntos de salida están bajo presión al mismo tiempo?
Fuente: AP / Reuters.
