Conflicto en Irán tendrá efectos sobre América Latina y el Caribe durante todo 2026, aun si los avances diplomáticos recientes se mantienen
En un nuevo informe especial, la CEPAL advierte que el precio promedio del petróleo este año será más alto que en 2025, lo que mantiene vigentes seis canales de impacto sobre la región.
(Santiago, 10 de julio de 2026) 

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó hoy un Informe Especial que examina los canales por los que las hostilidades iniciadas el 28 de febrero de 2026 en la República Islámica de Irán y sus alrededores, y el cierre de facto del estrecho de Ormuz, han afectado a la economía mundial y, en particular, a América Latina y el Caribe.“Las hostilidades entre los Estados Unidos e Israel, por un lado, y la República Islámica de Irán, por el otro, vuelven a poner de manifiesto la magnitud de la interdependencia de la economía mundial y la rapidez con que las disrupciones y los choques se transmiten entre países y regiones.

Los canales de transmisión son múltiples. Sin embargo, estos canales no operan de manera uniforme; su impacto depende de la forma de inserción internacional de cada economía, de su estructura productiva y de sus vínculos comerciales y financieros con el resto del mundo”, señaló el Secretario Ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs.

El estudio se publica en un contexto de incertidumbre sobre los avances diplomáticos.

El 17 de junio de 2026 los Presidentes de Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento orientado a poner fin a los ataques militares, levantar el bloqueo naval de los puertos iraníes y reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico comercial, además de estipular una ventana de 60 días para negociar un acuerdo definitivo.

Sin embargo, el lunes 6 de julio se dieron nuevas hostilidades y el miércoles 8 en la Cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, el Presidente de los Estados Unidos expresó dudas sobre si el acuerdo de alto el fuego está terminado.

La CEPAL advierte que, aun si los avances diplomáticos recientes se mantienen, eso no implica una normalización inmediata de los mercados ni invalida la dirección y tipos de impactos identificados en el informe.

La normalización de la actividad productiva en los países del golfo Pérsico y de los flujos de comercio a través del estrecho de Ormuz tomará tiempo: a fines de junio el tránsito por el estrecho seguía operando por debajo de sus niveles habituales, en un contexto en que persisten riesgos de seguridad, disrupciones logísticas y primas de seguro marítimo elevadas para los buques que transitan la zona.

El documento agrega que, más allá de cómo evolucionen los precios de los bienes energéticos en los próximos meses, el promedio de 2026 ya resultará más alto que el de 2025: tomando los precios efectivamente observados hasta junio y suponiendo un precio Brent de referencia de US$ 75-80 por barril para el resto del año, el promedio anual de 2026 se ubicaría entre 20% y 25% por encima de los US$ 69 por barril registrados en 2025.

Además, una parte de los efectos de los mayores precios energéticos ya se manifestó entre marzo y junio, mientras que otros -que operan con rezago- seguirán desplegándose a lo largo de 2026.En su informe, la CEPAL identifica seis canales de transmisión de impactos hacia América Latina y el Caribe: dos de signo potencialmente positivo —aunque no necesariamente— para los exportadores netos de energía y adversos para los países no exportadores netos de energía (el comercial y el fiscal), y cuatro adversos para todos los países de la región.

El primero es el canal comercial. Además de los efectos indirectos derivados de las disrupciones en las cadenas de suministro y el aumento de los costos logísticos del comercio internacional, el conflicto tiene un impacto directo en la balanza comercial de América Latina y el Caribe a través de la variación de los precios de la energía y de los demás bienes exportados o importados. El aumento de precios energéticos mejora la balanza comercial de los exportadores netos de energía y la deteriora en los importadores netos que son, en número, la gran mayoría de los países de la región.

En un escenario de precios de petróleo 25% más altos que en 2025 -el escenario base del informe- el impacto sobre la balanza comercial es levemente positivo para América Latina y el Caribe en su conjunto (+0,05 puntos porcentuales del PIB en 2026) y para América del Sur (+0,13 puntos porcentuales), pero negativo para los países del Caribe no exportadores de hidrocarburos y para el grupo conformado por Centroamérica, Haití y la República Dominicana (−0,5 y −0,9 puntos porcentuales, respectivamente).

El segundo canal de transmisión es el fiscal. Algunos gobiernos han optado por absorber parte del choque de precios energéticos mediante rebajas de impuestos a los combustibles u otros mecanismos para proteger el poder adquisitivo de los hogares.

En los países exportadores netos de energía los mayores ingresos fiscales por precios más altos de estos bienes actúan como amortiguador parcial de ese costo fiscal, pero en los importadores netos ese mayor gasto no tiene contrapartida por el lado de los ingresos y redunda en un mayor deterioro de las cuentas fiscales.  

A estos dos canales se suman otros cuatro que operan en sentido negativo para exportadores e importadores netos de energía por igual: el canal de precios (inflación), el enfriamiento de la actividad económica mundial, el canal financiero y el de la política monetaria.

Según la CEPAL, el alza en el precio de los combustibles erosiona el poder adquisitivo de los hogares en toda la región, tanto de forma directa —por su peso en la canasta de consumo— como indirecta, al encarecer el transporte y la distribución del resto de bienes.

A esto se suma el aumento directo de los precios de los fertilizantes, cuya oferta, al igual que la de petróleo y gas, está en gran proporción concentrada en el golfo Pérsico, lo que presiona -con cierto rezago- los precios de los alimentos y aumenta el riesgo de mayor inseguridad alimentaria en la región.

A esta presión sobre los precios internos se suma un canal de enfriamiento de la actividad económica mundial: el conflicto ha afectado las perspectivas de crecimiento global y, cuanto más se deterioren, menor será la demanda externa que enfrente la región.

Un quinto canal es el financiero. Por un lado, las presiones inflacionarias en las economías avanzadas llevan a sus bancos centrales a mantener tasas de interés elevadas por más tiempo del previsto encareciendo el financiamiento externo para la región.

Por otro lado, el aumento de la incertidumbre geopolítica se asocia a una mayor demanda de activos considerados más seguros, lo que fortalece el dólar y presiona las monedas de los países de la región. Finalmente, el sexto canal es el de la política monetaria.

Como consecuencia de las presiones inflacionarias, en varios países de la región que venían reduciendo sus tasas de interés de política, se espera que los recortes continúen pero a un ritmo más gradual, lo que podría tener impacto sobre la actividad económica.

En conclusión, el informe especial de la CEPAL señala que, aunque América Latina y el Caribe aparece en una posición relativamente más favorable que otras regiones frente a al choque externo—por su relativamente baja exposición comercial directa a los países del golfo Pérsico y porque algunas de sus grandes economías son exportadoras netas de hidrocarburos—, esa posición agregada oculta una marcada heterogeneidad.

La mayoría de los países, que son importadores netos de hidrocarburos, reciben impactos negativos del choque a través de todos los canales de transmisión, enfatiza el organismo.

El informe completo se encuentra disponible en este enlace.

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